#4: 4.600
…con Patricio…
Ya estamos aquí, en Sayllapata. Acabamos de almorzar y ahora unos cuantos minutos para descansar antes de seguir caminando hasta Soraypampa, donde montaremos el primer campamento.
Aquí los moscos son igual de sádicos que en Ecuador. Van a base de mordiscos… en fin, que aquí estamos, a casi 4.000 metros de altura, con paciencia, vamos.
Finalmente no voy solo con el guía: nos han juntado a tres canadienses, dos israelís y a mi en un solo grupo. A una de las canadienses le ha estado afectando el soroche y es posible que haga parte del camino en caballo.
Vaya mala suerte que le haya tocado desde el primer día… en fin, con la calma.
Después de una horita de viaje por la sierra nos hemos plantado en la base e inicio del valle sagrado, en un pequeño pueblo, Pisaq, con algunas ruinas en lo alto de una loma que circunda el pueblo.
El pueblo, encantador, muy rústico, aunque por la influencia colonial española bien podríamos encontrar las mismas edificaciones en cualquier región de España.
Después de dar algunas vueltas por la plaza principal Yolanda se ha perdido… mientras ella se aclaraba con una flauta de hueso Michel y yo nos hemos metido en un mirador chiquito en madera que había en una casa, en su patio.
Como no hemos conseguido encontrarla él y yo hemos ido a almorzar una parrillada-pollada-truchada que había en una de las calles. La verdad es que estaba rico, aunque la carne de la parrilla estaba un poco dura… pero bueno, cuando hay hambre todo entra bien.
Cuando Michel iba por su segunda trucha yo he ido a echar un vistazo a ver si encontraba a Yolanda. Y cuando ya estaba a punto de desistir la he visto al final de una calle y ya me he quedado más tranquilo.
Mientras volvíamos me he comprado un mochilón para meter todos los bártulos de la playa… bueno, en realidad en eso no pensaba, precisamente, pues quería una mochila al estilo de la de las ludotecas pero algo más grande, aunque creo que se me ha ido un pelín la mano… Bueno, una vez hemos encontrado a Michel hemos seguido paseando y viendo todo tipo de artesanía de la zona, mientras contemplábamos, asombrados, la facilidad de Yolanda para comprar de todo… bolsos, una vincha, un poncho, etc.
Más tarde hemos querido subir a lo alto de la loma donde están las ruinas, pero, para variar, siempre hay alguien que te corta el paso y te quiero cobrar por ver algo bonito. Así que de vuelta al pueblo, a seguir viendo cosas, como el resto de la mañana y tarde. Pero es que es imposible aburrirse de ver todo lo que se vende. Hay mercadillos que no ofrecen gran cosa atractiva, que en un momento lo ves todo y ya te quieres ir. Por ejemplo, recuerdo en Catacaos todo el tema de objetos en madera de sapote: muy bonita, pero con ver dos vendedores ya tienes sobra, porque el resto te venden lo mismo. Aquí cada tienda tiene su personalidad. Todos venden lana, oveja y alpaca, pero no encuentras dos ponchos o dos bolsos iguales. De hecho te llevarías de todo porque todo es hermoso y bonito y “único”, en el sentido este de originalidad, de que cada cosa tiene su personalidad.
Me ha sorprendido en una tienda que estaban veniendo artesanía de Chulucanas. Incluso le he dicho a la vendedora que como es que venden cerámica norteña aquí, y resulta que la producen ellos mismos (!). Han aprendido la técnica de cocido para ennegrecer las piezas y ahora también la aplican aquí… curioso, como poco, curioso.
Y bueno, el cruce de caminos que comentaba esta mañana digamos que “ya empezó a ser” (aunque aun “no fue”). Yolanda ha partido hacia Urubamba y de ahí a Ollantaytambo para visitar el Machu Picchu mañana.
Ya empiezo a ver cerca el momento de cargar la mochila rumbo a la caminata de 5 días que empieza pasado mañana… me hace gracia pensar que al final voy a hacer el camino yo solo con el guía, con lo cual, hacerlo por agencia es probable que me esté saliendo más económico (no diremos barato porque esto de barato no tiene ni la información gratuita) que haber buscado un guía por mi cuenta. Bueno, no más barato el guía, pero sí las condiciones, creo, por el tema de las tasas, las comidas, la entrada al Machu Picchu, etc. En fin, que a ver qué tal, ya tengo ganas de empezar a caminar, aunque no sé qué tal será ni nada…
Y lo del Misti… bueno, son 5.800 en la cumbre, medio metro de nieve a partir de los 5.000 o más abajo, ropas térmicas… no tengo ni idea pero creo que “lo estudiaré” (y ya sé qué significa eso… jejeje).
Tengo frío… pero creo que todavía no sé qué es el frío. Cuando pase a 4.900 junto al Salcantay creo que empezaré a entender, y si finalmente “estudio” el Misti (que va a ser que sí), ahí sí que podré decir: ¡ningún Fortuño llegó tan algo! jajaja ![]()
Al final me ha dado tiempo a ducharme, limpiar ropa sucia y comprar unas galleticas para matar el hambre.
Desayuno típico en el mercado central, tan carismático como el de Piura o el de Loja pero con su propio estilo. Chocolate con leche y un sandwich de huevo y queso, siempre acompañados de la agitación de alrededor, las vendedoras llamando a sus posibles clientes…
Al fin y al cabo estos sigue siendo, aunque parezca mentira, Perú, la sierra de Perú.
Esta es una ciudad de viajeros y trotamundos: todo lo que veas por el centro gringos, todo lo que hay en tiendas para gringos, gringos.
He visto mucha gente joven trabajando en bares, tiendas de ropa, cibers, etc. Pero me parece que más que el dinero (un sueldo en soles tendría que ser muy bueno para significar algo en euros o dólares) lo que buscan estas personas es enriquecerse con el descomunal mestizaje cultural que hay en esta ciudad. Y no por quéchua o peruano precisamente, no.
Supongo que es (un poco más llevado al extremo) algo como lo que sucede en Gràcia, Barcelona, que todos los locales “fashion” están regentados por extranjeros. Bueno, allí sí que pueden ganar bueno con un pub…
Está bien toda esa multiculturalidad, pero no han sabido llegar (ni los de afuera ni los de aquí) a una auténtica y profunda interculturalidad con la gente autóctona.
En primer lugar, la actitud de la gente no ayuda, pues en general la gente de sierra (como en todo el mundo) suele ser menos sociable que la gente de costa. No me invento nada: mira la proximidad de la gente en Piura, compárala con la de aquí, por ejemplo. El frío, está claro, es un factor determinante en las relaciones humanas.
En segundo lugar, me parece observar una cierta actitud sumisa con el turista: como el turista trae plata, todo bueno para ellos. Ya ¿y ustedes? ¿van a llegar al extremo de perder su identidad cultural por tanto alienarse en otras formas y costumbres de gente más rica (materialmente, por supuesto) que ustedes? Me da la impresión (y es que algo que generalizo a todo el Perú turístico) de que se han confundido conceptos: turismo, riqueza, sumisión, alienación, humillación incluso me atrevería a decir, cuando hay gente que no ha querido subirse en ese carro de la plata gringa y que ahora se encuentran al margen del juego…
No sé, lo bonito sería encontrar un auténtico mestizaje, no haber trasladado Ámsterdam varios kilómetros al suroeste.
Bueno, en este ir y venir he conocido a 2 personas: Michel, un francés argentinizado por sus más de tres años en contacto directo con el pueblo argentino y sus proximidades, y Yolanda, la alicantina que comenté anteriormente.
Es curioso como, caso por arte de magia, estableces contacto con gente tan dispar. Pensaba hacer este viaje solo, no tanto por voluntad como por obligación, pero me doy cuenta que probablemente me perdería mucho del contacto este si hubiera venido con alguien conocido.
Xenia, hazme caso, aprende a improvisar. Coge ya lo del voluntariado ese y no te lo pienses más… estoy convencido que será una de las experiencias más enriquecedoras de tu vida. De verdad.
Bueno, con Yolanda y Michel hemos estado conversando de muchas cosas a lo largo de la noche, hemos ido a cenar y más tarde a uno de esos pubs no-interculturales que hay aquí en el centro.
Ha sido curioso encontrarnos tres viajeros que seguían caminos absolutamente independientes y que por una carambola acaban cruzándose en el ombligo del mundo para compartir ideas y experiencias. Y que después, probablemente, seguirán sus caminos como estaban, con otras gentes, otras experiencias, etc.
Como mínimo es curioso.
Hoy tenía intención de ir a Sacsayhuaman, aquí detrás de donde estamos, aunque como nos fuimos a dormir a las 2 y pico conversando en la habitación con Yolanda la flojera pudo más y cambié el reloj a las 9 para irnos los 3 a un mercado de artesanía que hay en Pisaq.
Sea como sea, me voy a levantar, a ver si me ducho y organizo un poquito la mañana.
Por fin, aquí, calles empedradas, paredes de piedras inmensas, más guiris que locales, precios desorbitados y un misticismo que lo envuelve todo…
Me imaginaba una ciudad más chica, más casera, y me he encontrado casi una Andorra sin rascacielos. Una gran ciudad que ocupa todo el valle en el que está enclavada.
Después de llegar todo ha sido cuestión de localizar la Plaza de Armas y desde ahí organizarme. Una visita al SAE, que ya habían cerrado (es que es sábado), aunque me han alcanzado una lista de hostales con descuento. Un paseo por un hostal que no abre la puerta… y he acabado aquí sobre la plaza, apenas a 2 cuadras, entrada en San Blas, una habitación compartida con una alicantina que llegó ayer. 12 soles, no está mal, para estar donde está.
Casi no he podido conversar con mi compañera de habitación y, de hecho, no sé ni cómo se llama, pero sé que es estudiante de educación social y está de prácticas en Ecuador. A ver si averiguo más…
Ahora acabo de almorzar en un pequeño restaurante casero aquí junto al hostal. 5 soletes el menú, bien rico, con sopa criolla y escabeche de pescado (sí, pescado, a 3.600 metros de altura… es que aquí cada segundo jueves de mes llueven peces, centollos y cangrejos…). La alicantina me ha comentado que ha sacado el carnet internacional de estudiante en Arequipa, así que probaré ahora de sacármelo para aprovechar descuentos en entradas y todo eso… en fin, ¡voy a investigar!
Hoy he superado mi marca de ayer: he mirado espontaneamente el reloj a las 7:33, mi reloj biológico está bastante bien afinado.
La verdad es que la mañana ha sido muy tranquila. Quería ir al SAE un rato, pero me han vuelto a aconsejar “bien” con las combis y he acabado en La
Magdalena, bastante lejos de donde quería ir. Tampoco me han indicado correctamente la localización del INC, presuntamente junto al Parque de la Exposición… pero bueno, he conocido Lima, 20 agentes de policía, vigilantes de seguridad y ambulantes y también he descansado un buen rato en el Parque, cosa que he aprovechado para leer un ratito y conversar con un ambulante sin mucho trabajo, Osvaldo, la mar de simpático y amigable.
Vaya una estancia en Lima. De todo lo que pensaba comprar no he comprado ni las pilas. A ver si ahora encuentro algo en Polvos Azules, si no, ajo y agua hasta que se pueda. Porque supongo que en Cusco sí que tendrán impermeables decentes y sin pasarse con el precio, no? En fin, voy a dar una vuelta a ver qué tal el panorama por estas tiendas de aquí detrás.
¡Que aproveche!
¿Recuerdan que ayer me despedía cuando salía el carro? Bueno, era mentira: estuvimos hasta las 7 esperando que saliera. Todos indignados, sobretodo los que subieron a las 5:30, que hicieron un tour por Catacaos de media horita… Pasando el peaje de Catacaos se para el bus 15 minutos, en Chiclayo 40 minutos, y otros 10 en un terminal terrestre de la ciudad, y lo último ya: nos despertamos a las 2 de la mañana en Trujillo, y al rato de patalear en el piso para apremiar el conductor nos cercioramos de que está tomando ahí al lado con un par de pirujas… lo último, vamos. Desde entonces ya no voy tranquilo, porque veo que el autobús nunca está mirando hacia delante, si no que va dando pequeños bandazos para corregir la trayectoria…
Vaya noche… en fin, que sale el sol, como siempre, y ya entramos en Lima, cuando pasamos por Pasamayo al borde del abismo: “Grave accidente en Pasamayo”, “Ómnibus cae al mar”, “El conductor a-bus-ó de la chela” o algo así…
Ventanilla, el pájaro ese que hay en el cruce, y a esperar un colectivo hasta el centro. La verdad es que me da un poco de miedo pasar por aquí después de la experiencia de la última vez, con los “márginals” dando voces en Angamus… pero tú, de perdidos al río.
A todas (Irma, Ángela y Flor) les sorprende mi visita, y parece que por aquí las cosas no cambian: hace sol, calor, no hay agua corriente, la pequeña Sofía sigue pasando el día en casa de Irma, las mañanas son aburridas y en Costa Azul no hay más entretenimiento.
Bueno, paciencia…