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Eso es lo que he tardado en subir desde Llahuar hasta Cabanaconde, incluidas las paradas de descanso, las de fotos (que son bastantes), comprar el pasaje para mañana y sentarme (bueno, tumbarme) en una cama del hostal.

…¿donde vas, forastero?…
La subida ha sido menos dura de lo que parecía. Realmente, creo que se me ha hecho menos pesado, paradójicamente, que la bajada. A medio camino, en el puente de madera de la montaña (no el del fondo del cañón), he oido un ruido raro mientras descansaba: parecía como si algo grande cruzara el aire rápidamente. Lo lógico era un cóndor, pero también se ven, y sin embargo, no he visto nada de nada… ha sido muy raro.
Arriba, cuando ya estaba llevando he podido apreciar todo el sistema de canales que tienen construido para la irrigación de las chacras y andenes. Me ha parecido impresionante lo tan sofisticado y al mismo tiempo tan rudimentario del sistema.

…Bricomanía en tu jardín: “cómo irrigar una chacra de 100ha”…
Y ni qué decir de la puesta de sol en el cañón. Una puesta que en algunas zonas del río está empezando a las 4 y que se prolonga hasta las 6 que ya no hay luz en ningún sitio.

…ese sol…
Mañana a la Cruz del Cóndor, pero no sé si ir a pie y disfrutar del amanecer en el cañón, que creo que puede ser impresionante… son dos horas a pie, así que despúes de casi las 5 de hoy no es nada, y menos de madrugada y con el fresquito…
De momento ha valido mucho la pena toda esta visita al Colca. La magnitud de los paisajes es de proporciones inalcanzables, sólo hay que pasar por la carretera de Chivay-Cabanaconde, donde vemos sólo una parte del cañón, para darse cuenta mínimamente de cómo es esto de grande.
Creo que por hoy ya es suficiente… ¡buenas noches!



