Sunday, 6 de April, 2008 a las 19:57
(Gente, Paisajes, Perú, Sensaciones)

Después de una horita de viaje por la sierra nos hemos plantado en la base e inicio del valle sagrado, en un pequeño pueblo, Pisaq, con algunas ruinas en lo alto de una loma que circunda el pueblo.
El pueblo, encantador, muy rústico, aunque por la influencia colonial española bien podríamos encontrar las mismas edificaciones en cualquier región de España.
Después de dar algunas vueltas por la plaza principal Yolanda se ha perdido… mientras ella se aclaraba con una flauta de hueso Michel y yo nos hemos metido en un mirador chiquito en madera que había en una casa, en su patio.
Como no hemos conseguido encontrarla él y yo hemos ido a almorzar una parrillada-pollada-truchada que había en una de las calles. La verdad es que estaba rico, aunque la carne de la parrilla estaba un poco dura… pero bueno, cuando hay hambre todo entra bien.
Cuando Michel iba por su segunda trucha yo he ido a echar un vistazo a ver si encontraba a Yolanda. Y cuando ya estaba a punto de desistir la he visto al final de una calle y ya me he quedado más tranquilo.
Mientras volvíamos me he comprado un mochilón para meter todos los bártulos de la playa… bueno, en realidad en eso no pensaba, precisamente, pues quería una mochila al estilo de la de las ludotecas pero algo más grande, aunque creo que se me ha ido un pelín la mano… Bueno, una vez hemos encontrado a Michel hemos seguido paseando y viendo todo tipo de artesanía de la zona, mientras contemplábamos, asombrados, la facilidad de Yolanda para comprar de todo… bolsos, una vincha, un poncho, etc.
Más tarde hemos querido subir a lo alto de la loma donde están las ruinas, pero, para variar, siempre hay alguien que te corta el paso y te quiero cobrar por ver algo bonito. Así que de vuelta al pueblo, a seguir viendo cosas, como el resto de la mañana y tarde. Pero es que es imposible aburrirse de ver todo lo que se vende. Hay mercadillos que no ofrecen gran cosa atractiva, que en un momento lo ves todo y ya te quieres ir. Por ejemplo, recuerdo en Catacaos todo el tema de objetos en madera de sapote: muy bonita, pero con ver dos vendedores ya tienes sobra, porque el resto te venden lo mismo. Aquí cada tienda tiene su personalidad. Todos venden lana, oveja y alpaca, pero no encuentras dos ponchos o dos bolsos iguales. De hecho te llevarías de todo porque todo es hermoso y bonito y “único”, en el sentido este de originalidad, de que cada cosa tiene su personalidad.
Me ha sorprendido en una tienda que estaban veniendo artesanía de Chulucanas. Incluso le he dicho a la vendedora que como es que venden cerámica norteña aquí, y resulta que la producen ellos mismos (!). Han aprendido la técnica de cocido para ennegrecer las piezas y ahora también la aplican aquí… curioso, como poco, curioso.

Y bueno, el cruce de caminos que comentaba esta mañana digamos que “ya empezó a ser” (aunque aun “no fue”). Yolanda ha partido hacia Urubamba y de ahí a Ollantaytambo para visitar el Machu Picchu mañana.
Ya empiezo a ver cerca el momento de cargar la mochila rumbo a la caminata de 5 días que empieza pasado mañana… me hace gracia pensar que al final voy a hacer el camino yo solo con el guía, con lo cual, hacerlo por agencia es probable que me esté saliendo más económico (no diremos barato porque esto de barato no tiene ni la información gratuita) que haber buscado un guía por mi cuenta. Bueno, no más barato el guía, pero sí las condiciones, creo, por el tema de las tasas, las comidas, la entrada al Machu Picchu, etc. En fin, que a ver qué tal, ya tengo ganas de empezar a caminar, aunque no sé qué tal será ni nada…
Y lo del Misti… bueno, son 5.800 en la cumbre, medio metro de nieve a partir de los 5.000 o más abajo, ropas térmicas… no tengo ni idea pero creo que “lo estudiaré” (y ya sé qué significa eso… jejeje).
Tengo frío… pero creo que todavía no sé qué es el frío. Cuando pase a 4.900 junto al Salcantay creo que empezaré a entender, y si finalmente “estudio” el Misti (que va a ser que sí), ahí sí que podré decir: ¡ningún Fortuño llegó tan algo! jajaja 
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Sunday, 6 de April, 2008 a las 11:28
(Gente, Paisajes, Perú)

Al final me ha dado tiempo a ducharme, limpiar ropa sucia y comprar unas galleticas para matar el hambre.
Desayuno típico en el mercado central, tan carismático como el de Piura o el de Loja pero con su propio estilo. Chocolate con leche y un sandwich de huevo y queso, siempre acompañados de la agitación de alrededor, las vendedoras llamando a sus posibles clientes…
Al fin y al cabo estos sigue siendo, aunque parezca mentira, Perú, la sierra de Perú.
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Sunday, 6 de April, 2008 a las 7:56
(Gente, Perú, Sensaciones)
Esta es una ciudad de viajeros y trotamundos: todo lo que veas por el centro gringos, todo lo que hay en tiendas para gringos, gringos.
He visto mucha gente joven trabajando en bares, tiendas de ropa, cibers, etc. Pero me parece que más que el dinero (un sueldo en soles tendría que ser muy bueno para significar algo en euros o dólares) lo que buscan estas personas es enriquecerse con el descomunal mestizaje cultural que hay en esta ciudad. Y no por quéchua o peruano precisamente, no.
Supongo que es (un poco más llevado al extremo) algo como lo que sucede en Gràcia, Barcelona, que todos los locales “fashion” están regentados por extranjeros. Bueno, allí sí que pueden ganar bueno con un pub…
Está bien toda esa multiculturalidad, pero no han sabido llegar (ni los de afuera ni los de aquí) a una auténtica y profunda interculturalidad con la gente autóctona.
En primer lugar, la actitud de la gente no ayuda, pues en general la gente de sierra (como en todo el mundo) suele ser menos sociable que la gente de costa. No me invento nada: mira la proximidad de la gente en Piura, compárala con la de aquí, por ejemplo. El frío, está claro, es un factor determinante en las relaciones humanas.
En segundo lugar, me parece observar una cierta actitud sumisa con el turista: como el turista trae plata, todo bueno para ellos. Ya ¿y ustedes? ¿van a llegar al extremo de perder su identidad cultural por tanto alienarse en otras formas y costumbres de gente más rica (materialmente, por supuesto) que ustedes? Me da la impresión (y es que algo que generalizo a todo el Perú turístico) de que se han confundido conceptos: turismo, riqueza, sumisión, alienación, humillación incluso me atrevería a decir, cuando hay gente que no ha querido subirse en ese carro de la plata gringa y que ahora se encuentran al margen del juego…
No sé, lo bonito sería encontrar un auténtico mestizaje, no haber trasladado Ámsterdam varios kilómetros al suroeste.
Bueno, en este ir y venir he conocido a 2 personas: Michel, un francés argentinizado por sus más de tres años en contacto directo con el pueblo argentino y sus proximidades, y Yolanda, la alicantina que comenté anteriormente.
Es curioso como, caso por arte de magia, estableces contacto con gente tan dispar. Pensaba hacer este viaje solo, no tanto por voluntad como por obligación, pero me doy cuenta que probablemente me perdería mucho del contacto este si hubiera venido con alguien conocido.
Xenia, hazme caso, aprende a improvisar. Coge ya lo del voluntariado ese y no te lo pienses más… estoy convencido que será una de las experiencias más enriquecedoras de tu vida. De verdad.
Bueno, con Yolanda y Michel hemos estado conversando de muchas cosas a lo largo de la noche, hemos ido a cenar y más tarde a uno de esos pubs no-interculturales que hay aquí en el centro.
Ha sido curioso encontrarnos tres viajeros que seguían caminos absolutamente independientes y que por una carambola acaban cruzándose en el ombligo del mundo para compartir ideas y experiencias. Y que después, probablemente, seguirán sus caminos como estaban, con otras gentes, otras experiencias, etc.
Como mínimo es curioso.
Hoy tenía intención de ir a Sacsayhuaman, aquí detrás de donde estamos, aunque como nos fuimos a dormir a las 2 y pico conversando en la habitación con Yolanda la flojera pudo más y cambié el reloj a las 9 para irnos los 3 a un mercado de artesanía que hay en Pisaq.
Sea como sea, me voy a levantar, a ver si me ducho y organizo un poquito la mañana.
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