Saturday, 5 de April, 2008 a las 16:32
(General, Gente, Perú)
Por fin, aquí, calles empedradas, paredes de piedras inmensas, más guiris que locales, precios desorbitados y un misticismo que lo envuelve todo…
Me imaginaba una ciudad más chica, más casera, y me he encontrado casi una Andorra sin rascacielos. Una gran ciudad que ocupa todo el valle en el que está enclavada.
Después de llegar todo ha sido cuestión de localizar la Plaza de Armas y desde ahí organizarme. Una visita al SAE, que ya habían cerrado (es que es sábado), aunque me han alcanzado una lista de hostales con descuento. Un paseo por un hostal que no abre la puerta… y he acabado aquí sobre la plaza, apenas a 2 cuadras, entrada en San Blas, una habitación compartida con una alicantina que llegó ayer. 12 soles, no está mal, para estar donde está.
Casi no he podido conversar con mi compañera de habitación y, de hecho, no sé ni cómo se llama, pero sé que es estudiante de educación social y está de prácticas en Ecuador. A ver si averiguo más…
Ahora acabo de almorzar en un pequeño restaurante casero aquí junto al hostal. 5 soletes el menú, bien rico, con sopa criolla y escabeche de pescado (sí, pescado, a 3.600 metros de altura… es que aquí cada segundo jueves de mes llueven peces, centollos y cangrejos…). La alicantina me ha comentado que ha sacado el carnet internacional de estudiante en Arequipa, así que probaré ahora de sacármelo para aprovechar descuentos en entradas y todo eso… en fin, ¡voy a investigar!
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Saturday, 5 de April, 2008 a las 8:34
(Paisajes, Perú, Sensaciones)
Esta noche he dormido fatal, y creo que no tanto por la emoción de “donde estoy” si no por el frío que ha hecho desde bien temprano.
Lo de Nasca fue memorable, creo que me acordaré más de eso que si las llego a ver de día en unas semanas.
El sol ha estado saliendo a las 6:11 más o menos, y el paisaje no era el que me esperaba: una gran meseta desértica con pequeños cerros. Pero de pronto hemos entrado en plena “selva” (comparativamente, claro): de un momento a otro ha aparecido vegetación, y al atravesar una montaña estábamos en un valle verde de unos 1.500 metros de profundidad. Bueno, yo para las medidas de altura no sé qué tal, pero la verdad es que era espectacular.

En un pequeño pueblo en nuestra ruta hemos hecho una paradita y he probado mi primer mate de coca. No está mal, te despierta (supongo que porque está caliente), pero le faltaba azúcar o algo así. Sobre sus efectos contra el soroche pues no sé, porque ahora muy altos no estamos, ya que seguimos en el valle siguiendo el curso de un río que no sé cuál es.
En unas dos horas estaremos en Abancay, y en unas 6 en Cusco, por fin. Ahora que es de día empiezan las mejores vistas del viaje, después de las vallas publicitarias que nos acompañaron durante toda la primera parte del recorrido, al a salida de Lima.
Por cierto, ¿comenté algo sobre eso de las vallas ayer? Era desolador pasar por un valle desierto entre los cerros que hay junto al mar y llegar a contar hasta 20 vallas publicitarias seguidas.
Triste, muy triste.
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