#1: vida


¡Vaya pedazo de fuentes, tú! parecía de broma, pero no está nada mal el complejo este, para nada.
El parque tiene 13 fuentes ambientadas, cada una con su música, sus luces y su particular atractivo, como por ejemplo una por la que puedes pasar, un que puedes entrar y remojarte, una gran fuente de 120 m de largo y otra con un chorro de 80 m (no me gustaría ser la bomba que mueve ese volúmen de agua…).
La verdad es que vale mucho la pena invertir los 4 soles de la entrada, porque no sales defraudado por nada. Al tiempo que las fuentes, un ejército de vigilantes y policía se aseguran de mantener el orden en el recinto y que nadie pise el césped, y supongo que también que nadie choree nada a nadie o lo intente.
A las 7 o así ha empezado un espectáculo en la fuente principal de todo el complejo, con más música y luz, efectos ópticos con láser, etc. Mu bonito, si señor. Y de ahí poco más… cuando ya salía, en una de las fuentes tenían Vivaldi y sus cuatro estaciones, así que me he quedado unos minutos a disfrutar del momento.
Y después al hostal y a cenar, que es lo que intercalo con este diario (bocado). Filete de pollo con papas y ensalada en un restaurante que me recomienda la amable señora del hostal, “el bosque”. Es carillo (11,60 soles, y viene incluida la bebida), pero hay que reconocer que todo está bien rico. En fin, yo quería sopa, pero creo que ya será mañana esto…
Bueno, tú, ¡bon appetit!
PD: Oye, pues al final ¡qué rico estaba todo! Bueno, mañana toca Miraflores y la mesa redonda esa… a ver qué será, será…
¡Buenas noches!
Ya, lo del título es un guiño… como no me han prestado ninguna toalla (y aún voy cochinote) he salido a pasear un rato.
Lo primero era encontrar un mapa o algún tipo de sistema de orientación que me permitiera moverme por la ciudad un poco mejor, y entre un mapa desplegable de un metro por un metro y una guía tipo Michelin, con páginas desplegables por distritos he preferido lo segundo porque lo otro parecía que pusiera “choros, a mí”.
Pero me ha pasado como siempre, que el mapa no lo he usado para nada. Bueno, sí, pero no cuando me ha hecho falta… en fin. Después de la guía y un internet he empezado a caminar, con el peso de mi mochilita de las ludotecas, nada comparable a las de 40 litros del Decathlon… Caminando me he recordado a mi tío José, con su siempre-negra camisa y mirando las balconadas de las calles. Sólo que unos 10.000 kilómetros más allá de donde suele hacerlo. Creo que le gustaría caminar por donde he caminado antes, me ha recordado aquel paseo que hicimos por Madrid… qué tiempos pasados… de hecho, ahora que me doy cuenta… ¡llevo una de las dos camisas que compramos en el rastrillo aquel día! ¿será casualidad o el destino?
Sigo. Después del Parque de la Exposición he mirado el billete de Cusco… en Civa. Ya, Juanjo, a ti todo lo que sea menos que el Ittsa te parece “márginal” pero bueno, 80 soles, con cena y snack, baño y terramozas… ya te contaré en unos días qué tal fue la idea… pero bueno, puestos a ir en bus, pruebo de todo (menos Cruz del Sur, que es mu caro… o bueno, sí, no sé) y así ya sé qué no vale la pena.
Pregunto en Polvos Azules si hay algún sitio donde vendan juegos de mesa “aquí por Polvos Azules” y me indican que, efectivamente, no estaba en Polvos Azules… ahora sí, salgo del mercado anexo y me meto en el centro comercial. Además de zapatillas, ropa y CD’s no tiene mucho más, y mucho menos juegos de mesa. Un vendedor de globos de helio con “sorpresa” me dice que vaya a Santa Isabel, que ahí venden. Cuando por fin lo encuentro resultan ser billares, futbolines y otros aparatos de dimensiones poco cómodas para llevar uno solo en autobús hasta Piura.
El vendedor de la tienda me indica muy amablemente (croquis incluido) una zona donde hay muchas tiendas de lo que busco, en Mesa Redonda, cerca de donde me hospedo, así que mañana le echaremos un vistazo.
A la vuelta, por la calle Arequipa, que me viene a dejar de nuevo en el Parque de la Exposición, paso por el Parque de la Reserva, donde han hecho el mayor complejo de fuentes iluminadas de… ¿del mundo? bueno, no sé, luego os cuento, cuando haya visto el espectáculo de las 7, ¡que ya me voy para allá!
Ya lo sé, suena a Rey Inca (y quizá lo fue), pero yo lo conozco no por sus hazañas sino más bien por un hostal que lleva su nombre. La habitación, a 17 soles con baño comunitario, junto a la plaza de San Martín (bueno, cerca, 2 cuadras), es decir, en pleno centro.
A ver qué tal la noche, porque por la rendija de la puerta, de un palmo por arriba, se oye la radio como si me hubiera puesto auriculares.
¡Me voy a duchar! (si me prestan una toalla) y luego a ver si empiezo a encontrar lo que quiero… Qué fría está el agua en esta ciudad, y eso que hace un calor de su madre…
¿Recuerdan que ayer me despedía cuando salía el carro? Bueno, era mentira: estuvimos hasta las 7 esperando que saliera. Todos indignados, sobretodo los que subieron a las 5:30, que hicieron un tour por Catacaos de media horita… Pasando el peaje de Catacaos se para el bus 15 minutos, en Chiclayo 40 minutos, y otros 10 en un terminal terrestre de la ciudad, y lo último ya: nos despertamos a las 2 de la mañana en Trujillo, y al rato de patalear en el piso para apremiar el conductor nos cercioramos de que está tomando ahí al lado con un par de pirujas… lo último, vamos. Desde entonces ya no voy tranquilo, porque veo que el autobús nunca está mirando hacia delante, si no que va dando pequeños bandazos para corregir la trayectoria…
Vaya noche… en fin, que sale el sol, como siempre, y ya entramos en Lima, cuando pasamos por Pasamayo al borde del abismo: “Grave accidente en Pasamayo”, “Ómnibus cae al mar”, “El conductor a-bus-ó de la chela” o algo así…
Ventanilla, el pájaro ese que hay en el cruce, y a esperar un colectivo hasta el centro. La verdad es que me da un poco de miedo pasar por aquí después de la experiencia de la última vez, con los “márginals” dando voces en Angamus… pero tú, de perdidos al río.
A todas (Irma, Ángela y Flor) les sorprende mi visita, y parece que por aquí las cosas no cambian: hace sol, calor, no hay agua corriente, la pequeña Sofía sigue pasando el día en casa de Irma, las mañanas son aburridas y en Costa Azul no hay más entretenimiento.
Bueno, paciencia…